¿En qué profesión lo podemos aprender? Realmente esto tiene que ser magia porque cuando decimos o nos dicen que no, no reaccionamos muy bien. ¿Qué pensáis vosotros?
Sin duda, este es un nuevo reto
propio de nuestras celebraciones de cumpleaños. ¡Claro! ¡Es que hoy nos toca
celebrar el de nuestra amiga Alejandra!
¡Y ya se oye la puerta! ¡Adelanteeeee!
¡Ya están aquí Ana y David!
Síííí, lo habéis acertado. Son la mamá y el papá de Alejandra. ¡Bienvenidos!
Vienen cargados de bolsas mágicas y para comenzar a resolver este reto, nada mejor que un buen cuento.
¡Estamos preparadísimos para escuchar todo lo que nos puede enseñar! ¡Comenzamos!
Hoy nos acompaña un pequeño y
precioso erizo llamado Pepincho. Tiene un problemilla: está preocupado porque
al tener púas duras que pinchan no sabe si los animales querrán ser sus amigos
y jugar con él.
El zorro Rufino, la perra lanuda Inés y el conejo César se acercaron a él, pero no para ser sus amigos como quería Pepincho. Dijeron que sus púas eran muy chulas, pero lo único que querían es tenerlas para usarlas y solucionar sus problemas (coser un calcetín, sujetarse el pelo y limpiarse los dientes). Hasta tal punto fue así, que el pobre erizo se quedó totalmente calvo, cansado y muerto de frío.
Cuando peor estaba, apareció Águila
que lo confundió con una albondiguilla rosada y deliciosa que se convertiría en
su merienda. Ninguno de los animales anteriores le ayudó ante este peligro.
Menos mal que apareció una tortuga muy sabia que lo protegió y le dio el mejor
de los consejos: "También tenemos que aprender a decir que no y explicar
nuestra respuesta". Pepincho tuvo muy pronto la oportunidad de ponerlo en
práctica. Cuando llegó la primavera estaba de nuevo cubierto de púas. Una
simpática ranita se acercó a él para pedirle que le regalara 10 púas. Quería hacerse
una corona de rana encantada. Pepincho, muy educado, le explicó que no podía darle
nada, que necesitaba todas sus púas para protegerse. Aunque le preocupaba cómo
reaccionaría la ranita, finalmente, ella lo comprendió y jugaron como si fueran
los mejores amigos: Pepincho le enseñó a hacerse una bola para protegerse y la
rana le enseñó a él cómo cantar.
Aquí está la magia de la amistad.
Tenemos que aprender a ponernos en el lugar del otro y comprenderlo y que los
demás también nos comprendan a nosotros. Sin duda, en estos casos, la mejor
opción es decir que NO.
Pero ¿sabéis una cosa? Pepincho
nos ha preparado un experimento para aprender a camuflarnos. Él se ha escondido
en un paisaje en el que sólo hay un tronco de un árbol y nos ha dicho que vamos
a hacer magia para que él aparezca y el árbol se convierta en un paisaje
precioso.
Para eso necesitamos una pintura mágica: alcohol y cúrcuma.
Hemos repasado las normas para poder usarla. Mancha muchísimo y su color amarillo es muy difícil de borrar. Así que, con mucho cuidado, mojaremos nuestro pincel y lo moveremos muy despacito. ¡Estamos listos!
¡Ya está saliendo la magia!
¿Encontraremos a Pepincho?
¡Aquí está! ¡Qué bonitos se han quedado todos estos trabajitos mágicos!
¡Ahora sí podemos disfrutar de un riquísimo y saludable desayuno!
Pero antes, nuestro brindis por Alejandra. ¡Chin, chin, por nuestra cumpleañera!
Alejandra, no nos vas a decir que no a escuchar una canción especial, ¿verdad? Estamos deseando de cantarte y verte soplar las velas. Seguro que se cumplen Sí o Sí todos tus deseos.
Así de felices están siempre los
amigos. Es como una gran fiesta donde podemos jugar, reir, bailar…
¡Otra vez la magia! ¡David ha sacado su guitarra!
¿Podemos bailar la canción que nos cantaste el curso pasado?
¿Y ahora una nueva que le guste mucho a Alejandra?
¡Menudo final!
Aunque nos gustaría seguir bailando. ¿Podemos cantar otra? Ya estamos cansados, pero podemos cantar en nuestra silla. ¡Podría ser la del Otoño! Este cuento empieza en esta estación.
¡Bravoooo! ¡Somos un equipazo!
¡Como el erizo y la rana!
Muchas gracias Ana, muchas
gracias David, muchas gracias Alejandra por regalarnos este cumpleaños tan mágico
y musical pero, sobre todo, gracias por enseñarnos que también es importante
decir que NO para cuidarnos y para que nos cuiden.
Antes de irnos a casa, Alejandra nos ha regalado un detallito para que sigamos pintando paisajes llenos de ilusión y sorpresa.
Lo haremos, pero antes, nos queda
gritar muy muy fuerte…
¡¡¡MUCHÍSIMAS FELICIDADES ALEJANDRA!!!
















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